Razones para hacer huelga en la Iglesia (y VII)


Este año 2018 se ha ido programando una huelga general de mujeres y ante esta realidad, me ha interesado hacer un repaso rápido por toda la historia, de nuestra actuación frente a los problemas más acuciantes, y sus respuestas grupales para denunciar injusticias.

El primer ejemplo lo encuentro en Lisístrata. Una mujer ateniense, nos cuenta Aristófanes, que en el año 411 a. C., Atenas y Esparta estaban inmersos en una guerra. Como parece que los hombres no consiguen solucionar nada, las mujeres de ambos bandos, lideradas por Lisístrata, se declararán en huelga de sexo hasta que los hombres deciden dejar sus diferencias.


Dice el dialogo de la obra citada:

LISISTRATA: Nos enterábamos de decisiones cada vez peores. Y entonces preguntábamos: “¿Cómo hacen estas cosas, marido mío, de forma tan estúpida?” Y él enseguida, con mirada rencorosa, decía, "Vaya a remendar el pantalón. La guerra es cosa de los hombres."

COMISARIO: Con razón lo decía, por Zeus.

LISÍSTRATA: ¿Cómo que con razón, desgraciado? Tratábamos de avisarles pero se negaron escuchar los consejos. Entonces desastre. Por toda la ciudad lloraban "No quedan jóvenes en el país." Entonces decidimos las esposas que nos tocaba a nosotras salvar a Grecia. ¿Por qué esperar? Así, cállense la boca como hacíamos nosotras y nosotras les salvamos de sí mismos.”

Sólo este párrafo ya justifica la obra entera: Mujeres de ambos lados, se pusieron de acuerdo y lograron la paz, con cosas de mujeres.

También encontramos en otras ocasiones, momentos en que, siendo conscientes de los problemas que tenemos ante la discriminación patriarcal, hemos reaccionado grupalmente y logrado nuestros objetivos.

La celebración del 8 de marzo, internacionalizada totalmente, a pesar de las distintas estructuras estatales actuales, nos va recordando año tras año que, la paridad no está lograda. En Washington las mujeres de la coalición Código Rosa, un 8 de marzo, protestaron frente a la Casa Blanca en una marcha que convocó a cientos de mujeres que repudiaron la decisión de su gobierno de atacar a Irak.

Las mujeres de todo el mundo, que se manifiestan el 8 de marzo, en el Día Internacional de la Mujer, contra la violencia de género, los abusos y las violaciones, exigiendo sus derechos sexuales y reproductivos, denunciando las discriminaciones en el ámbito laboral y doméstico, también se pronuncian unánimemente contra la guerra.


Otras norteamericanas, jóvenes estudiantes de las universidades de Nueva México, Wisconsin y Chicago se unieron, en la frontera con México, a las protestas que denunciaban la impunidad por las muertas de Ciudad Juárez, un femicidio que aún hoy permanece sin esclarecer. En el otro extremo del continente, Chile, una manifestación de más de mil personas expresó su rechazo a la guerra contra Irak. En Argentina, mientras tanto, el gobierno anunciaba la sanción del cupo femenino obligatorio para los sindicatos y las que no tienen derecho ni siquiera al trabajo –las piqueteras- conmemoraban el día de la mujer en Plaza de Mayo, exigiendo los subsidios.

Ante esta realidad me he preguntado si las mujeres en la Iglesia estamos sensibilizadas para lograr unos objetivos a favor de nuestra total igualdad en este espacio espiritual que solemos vivir con una cierta contradicción, porque muchas de nosotras luchamos en la sociedad y no logramos que se nos escuche en la Iglesia Institucional.

Quizá llegó la hora de sensibilizar esta estructura religiosa de la realidad que vivió Jesús y que sólo siguiendo su camino podremos llegar a la construir su Reino.

No somos “esclavas del Señor” somos colaboradoras incansables hacia aquellas personas marginadas, mujeres y hombres. Quizá ha llegado el momento de denunciar la injusticia de la desigualdad estructural que sufrimos en este espacio que queremos transformar. Sabemos que todas y todos somos iguales ante la realidad de un Dios que dio la vida a causa de la justicia.

M.Pau Trayner Vilanova

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